Orfebrería en Mompox

Entre las Artes
  1. El lugar y su historia
  2. Orfebres
  3. En los talleres, así aprendemos
  4. Materiales, diseño, significado y usos
  5. Comercialización e impacto cultural
  6. Bibliografía

El lugar y su historia

Don Alfonso de Ojeda, adelantado de la gobernación de Cartagena en territorio Zenù, funda el 3 de mayo de 1537, en una isla en el río Magdalena formada por los brazos Mompox y Loba, la Villa de Santa cruz de Mompós. Al ser puerto obligado en todas las exploraciones al interior del virreinato, muy pronto Mompox se convierte en una floreciente ciudad comercial. Muchas familias acaudaladas se trasladan allá por la importancia estratégica del puerto y por escapar a la zozobra de los ataques de piratas en Cartagena o Santa Marta. A finales del siglo XVIII, llega a ser la tercera cuidad del Nuevo Reino, con una población de 15.000 habitantes. Esta ‘ciudad camino’ andaluza, de trazado islámico irregular, paralela a la ribera del río, cuyas cuadras testimonian la invasión romana en España, luce para ese tiempo una magnífica arquitectura que le debe su belleza, en gran parte, al trabajo artesanal.

La variedad en los oficios artesanales en Mompox se deben al carácter tri-étnico de sus habitantes. La orfebrería y la alfarería fueron oficios ejercidos por los indígenas desde mucho antes de la llegada de los españoles. Aunque no existían minas de oro en las cercanías de Mompox, un fecunda relación con algunos pueblos mineros de la actual Antioquia y una rica visión de mundo e imaginación, les permitió a los Zenúes hacer unas de las piezas más bellas de la orfebrería prehispánica. Por su parte, los Españoles aportaron la talla en madera, la mampostería, la herrería, bordados, tejidos y nuevos tipos de loza. Al pueblo Afrocolombiano se le debe el bello trabajo de forja. En la orfebrería momposina actual aún se perciben los ancestros zenúes y españoles. En los muebles de hoy la influencia del Mediterráneo.

En el siglo XIX, la guerra de Independencia y las siguientes guerras civiles se financiaron en gran parte con recursos de la Villa de Mompox, lo que afectó notablemente su progreso. Más tarde fue la misma naturaleza la que se encargó de alejar a esta ciudad del desarrollo económico nacional ya que la erosión y sedimentación hizo que uno de los brazos del río perdiera profundidad. Así, los barcos de gran calado quedaron inhabitados para llegar hasta el puerto y la Villa de Mompox tuvo que despedirse de su gloria pasada.

El viajero de hoy se maravilla al pasear por sus calles principales y toparse con una magnifica arquitectura doméstica, religiosa y publica, como detenida en el tiempo.

Orfebres

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Luis Guillermo Trespalacios

El diseño de la orfebrería momposina suele ser un trabajo anónimo. Muy rara vez los diseños son fruto de la invención de un determinado taller; por lo general, los maestros crean su versión propia de diseños tradicionales.

Mención aparte merece el fallecido artesano momposino Luis Guillermo Trespalacios, catalogado en un estudio de la Universidad de Stanford, como “uno de los grandes artesanos de América“. A Luis Guillermo le debemos la supervivencia de antiguos y hermosos diseños tradicionales como el pescadito de oro.

Además, Don Guille como le decían con cariño quienes lo conocían, es el autor de importantes diseños reconocidos en diversos ámbitos: es el caso de los aretes campanario, realizados con la técnica de la filigrana.

Don Guillermo, como la mayoría de los maestros orfebres, tenía su taller en la misma casa donde vivía. Allí consolidó una verdadera escuela de orfebrería. Según él, a los aprendices había que enseñarles “hasta a aprender a hablar”. Siempre estuvo pendiente de que la educación que se daba en su taller, aparte de la técnica, le cultivara a sus alumnos valores morales como la honradez y el respeto mutuo. En su taller cada artesano tenía su lugar de trabajo, escogido por él mismo, sin que nadie osara quitárselo. Porque para Don Guille, más que la maquinaria lo que importaba era el ser humano.
Y para desarrollar una pieza, lo que determina la calidad de ésta, es a su entender “la habilidad y el gusto del operario”. Lo que es importante, decía, es que el individuo emplee no sólo sus manos sino también su ingenio y su imaginación creadora.

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Don Guille murió después de casi noventa años en la Villa de Mompós. Ya no está él, pero le sobrevivieron sus enseñanzas que legó no sólo a sus alumnos, sino también a los artesanos, artistas y maestros de Colombia y del mundo entero.

En los talleres, así aprendemos 

Origen, organización y aprendizaje

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Desde mediados del siglo XVI, atraídos por la cantidad de oro que arroja el río, llegan a Mompox los primeros maestros orfebres españoles, o en algunos casos portugeses o de otra nación europea. Sólo hasta 1776 se aceptan, bajo varias restricciones, maestros mestizos o indios. Habrá que esperar hasta entonces para que ciertos diseños y técnicas de la orfebrería Zenú vuelvan a cobrar vigor. Tal es el caso de la muy empleada técnica de la cera perdida.

La organización de los talleres no ha cambiado mucho, salvo por el número de miembros y las rígidas relaciones jerárquicas de antaño. De 40 o 50 integrantes de un taller se ha pasado a unos 10 o 15. Estos talleres formados por el maestro, unos oficiales, sus ayudantes y unos aprendices, son verdaderas escuelas de orfebrería donde cada artesano se siente cómodo al tener su lugar particular de trabajo. Generalmente el maestro vive en la casa donde funciona su taller, además de supervisar el trabajo de los oficiales y de enseñarle a los aprendices, debe planear la producción, desde el abastecimiento de la materia prima hasta la comercialización de la pieza, pasando por el mantenimiento de las maquinas y el suministro de herramientas, tomando las medida de seguridad necesarias. Hoy por hoy, el maestro ha dejado de ser quien posee una sabiduría secreta, inalcanzable. Ahora hay una mayor cooperación entre el maestro y sus trabajadores. El aprendiz, escogido por sus aptitudes manuales, su dedicación y su honradez desde muy chico, pasa a ser con el tiempo un ayudante; de ahí puede llegar a ser oficial y, en algunos casos maestro.

El proceso utilizado para la fabricación de una pieza varía según la técnica empleada: puede ser filigrana, moldeo o estampe. Actualmente, la filigrana es la más utilizada. Las fases de su producción son básicamente las mismas que se utilizan desde hace 150 años. Tan sólo han cambiado los combustibles empleados para la fundición así como las herramientas, anteriormente forjadas por herreros locales. Este proceso consta fundamentalmente de cinco etapas: limpieza y aleación; fundición y forjado; laminación y estiramiento; torcida, escarchado y ensamble; soldadura y terminado.

La orfebrería momposina requiere habilidad y paciencia, lo que interesa es que el individuo emplee no sólo sus manos sino también su ingenio y su imaginación creadora para desarrollar una pieza. Para el reconocido y ya extinto maestro Luis Guillermo Trespalacios lo que importa, más que aprender a manejar las herramientas, es desarrollar la habilidad, el respeto y el gusto del operario por su trabajo.

Materiales, diseño, significado y usos

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El trabajo de joyería momposino es realizado básicamente en oro aunque últimamente y debido a su escasez, ha sido en muchas ocasiones remplazando por plata. Para la transformación del oro se han empleado básicamente tres técnicas: la filigrana, consistente en la utilización de delgadísimos hilos para realizar figuras; el moldeo para lo cual el metal fundido es vaciado en un molde de caracol marino con una determinada figura; y el estampe que se logra al prensar una figura hecha en un molde de acero, sobre una lamina de oro. Durante la Segunda Guerra Mundial, el estampe fue una de las técnicas mas empleadas por los artesanos debido a la llegada de extranjeros, en especial de Europa del este, interesados en comercializar estos productos. Posteriormente y a causa del contrabando de joyería italiana de 18 quilates, los orfebres optaron por volcar sus energías a la filigrana.

La mayoría de los diseños de filigrana son tradicionales. Así, hay modelos como la candonga y la esclava momposina que no se han modificado sustancialmente desde hace quizá cien años. No obstante, cada una de las familias o talleres hace su propia versión de este mismo modelo. Tales modificaciones afectan sólo el interior de la pieza - la filigrana propiamente dicha- ya que el marco se corseva igual. En algunas ocasiones, se encuentran diseños anónimos.

Comercialización e impacto cultural

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Durante la colonia española la mayoría de los trabajos de los orfebres de Mompox eran requeridos por la iglesia, para sus objetos de culto. Con el tiempo también encomenderos y burgueses acaudalados se interesaron por las joyas momposinas. Hoy día muy pocas obras de ese periodo se conservan, las guerras civiles del siglo XIX llevaron a sus poseedores a fundirlas. En el siglo XX Mompox vivió algunos momentos de bonanza, como en la época de la Segunda Guerra Mundial, cuando hubo mucha exportación de joyas. 

Aunque no ha vuelto a haber grandes bonanzas, los orfebres siguen trabajando en sus talleres y vendiendo sus joyas sobre todo en su propia tienda, que es una habitación a la entrada de la casa, junto al zaguán, donde la vendedora es la esposa del maestro del taller. También comercian sus productos en el resto del país y en el exterior.

Artesanías de Colombia, en consecuencia con sus objetivos de “unir voluntades para lograr desarrollos sostenidos” y de conservar el valor de antiguas formas y técnicas de las artes tradicionales, apoya a los orfebres de Mompós mediante varios proyectos de carácter cultural y comercial. Así, contribuye al desarrollo de nuevos productos que se adapten a los veloces y a veces radicales cambios del mundo actual, y les da posición a las joyas momposinas en mercados internacionales.

Bibliografía

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1996. Mompox: Un trabajo tradicional que evoluciona con el tiempo(audiovisual) en serie Administrando mi trabajo artesanal. Fundación Volvamos a la Gente - Artesanías de Colombia.
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