Encuentro con creadores / Diseño de moda

Andrés Forigua y José Vicente Rincón de Sombreros Barbisio 
se encuentran con estudiantes del colegio Distrital
República Bolivariana de Venezuela

Don Vicente y estudiantes
del colegio.
Foto: Gina A. Velázquez
En 1862 la familia Barbisio fundó una fábrica de sombreros de fieltro en Sagliano cerca de Milán, que se hizo muy famosa por la calidad de sus productos. En 1898 Nicolás Stella, de la familia Barbisio se instaló con su familia en Bucaramanga con miras a abrir mercados para su sombrerería y otras mercancías de Italia. En 1921 se instalaron en Bogotá en la que fuera la casa del Marqués de San Jorge (Hoy Museo Arqueológico Marqués de San Jorge).  
En 1939, el italiano Manrico Stella hizo una sociedad con los hermanos Lacorazza y otros socios, para comprar una fábrica de sombreros en Bogotá y acondicionarla con nuevas maquinaria. Desde entonces la empresa  Columbus & Cía. S.A, con la marca Barbisioproduce sombreros finos que ya son parte del paisaje y del patrimonio cultural de los Bogotanos.   

el Gerente de sombreros Barbisio Andrés Forigua y el operario José Vicente Rincón les contaron a 92 estudiantes y a profesoras del IED República Bolivariana de Venezuela el proceso de elaboración de los sombreros de fieltro y la historia de los sombreros en Occidente
El 20 de octubre de 2010, el Gerente de sombreros Barbisio Andrés Forigua y el operario José Vicente Rincón les contaron a 92 estudiantes y a profesoras del IED República Bolivariana de Venezuela el proceso de elaboración de los sombreros de fieltro y la historia de los sombreros en Occidente. Esta fue una muy grata reunión para complementar la experiencia pedagógica destacada de la profesora de artes Gina Alexandra Velázquez Moreno.

Proyecto: Cruza la Calle entrelasartes; creadores del espacio urbano se encuentran con estudiantes, ganador de la convocatoria del Programa Amor por Bogotá 2010. I.D.C.R.D. 
 

 

Sombreros Barbisio
en el IED República Bolivariana de Venezuela

Estudiante
IED República Bolivariana de Venezuela

Estudiantes y Maestras
IED República Bolivariana de Venezuela

Sombreros Barbisio

Sombreros Barbisio

Siempre le gustaron los sombreros 

El señor José Vicente Rincón lleva 48 años trabajando con la empresa Sombreros Barbisio. Se acuerda que desde cuando era niño le gustaban los sombreros, dice: “yo vengo de una familia campesina de Boyacá y el campesino es el usuario número uno de los sobreros. Mi padre y mi madre tenían su sombrerito y nosotros con mis hermanos, somos 14 hermanitos que aún vivimos afortunadamente, nos poníamos a jugar con los sombreros de ellos, y de ahí nació no solamente el deseo de utilizarlo, sino el deseo de aprender  ese arte, de trabajar en esta prenda para la vida cotidiana. Mi hermano, el que me antecede, que fue por mucho rato un técnico superior en la sapiencia del sombrero, fue quien me llevó a mí a esta prenda … me enseño lo que fue en arreglos, en la elaboración … El sombrero no es en sí un artículo de lujo sino un artículo de sombra que protege del sol. 

¿De qué es el fieltro que se usa para hacer los sombreros?

Don Andrés Forigua nos cuenta: “La materia que nosotros compramos es pelo de conejo o de liebre, que es más fino, especialmente la piel del pecho. Para sombreros mucho más finos adquirimos piel de nutria o de marta. ¡Un sombrero puede costar de 5.000 a 7.000.000 de pesos!”

“Para poder traer las materias primas desde Europa tenemos que llenar una cantidad de requisitos y permisos, inicialmente con el ICA y luego con otras instituciones. Como es un producto de origen animal, no se puede traer libremente; el proveedor debe cumplir primero con unos procesos zoosanitarios en el país de origen. Allá se llenan las formas, se pasan las pruebas de laboratorio y después nos las envían aquí a Colombia, dónde se aprueban finalmente. Es un proceso complejo; traer el material al país no es sencillo”.

“El tamaño de los conejos no tiene importancia”, agrega, “lo importante son los gramos de pelo y esto depende del proveedor inicial. Los cazadores llegan con las pieles en la mano donde nuestros proveedores, y éstos las seleccionan y nos las envían posteriormente.  El conejito ideal, pienso yo, debe ser pequeño, aunque debe tener la madurez exigida por las normas internacionales, de modo que su carne se pueda usar como alimento. En Europa es habitual comer conejo”, explica don Andrés; “además, ahora los chinos lo aprovechan todo, hasta las uñas de los conejos”. 

Preparando el pelo

“Cuando el pelo está pegado, así como viene, no nos va a servir para el trabajo que tenemos que hacer”, cuenta el señor Forigua, “por eso el operario deposita el pelo dentro de la máquina quebradora. Esta máquina tiene un rodillo de madera con puntillas de más o menos el largo de un dedo, que sirven para separar los pelos y así poderlos utilizar más adelante. Después de este proceso de quebrado, pasamos a otra maquina llamada sopladora, que utiliza una banda transportadora donde se va decantando el pelo y sale ya listo como si fuera una lámina”.

La campana

“El siguiente paso es elaborar la campana. El proceso de campaneado se inicia escogiendo la cantidad de pelo que haya que utilizar, de acuerdo al tipo de sombrero que se va a fabricar. El operario pone el pelo en un tapete y lo esparce, para luego conducirlo por una banda transportadora hasta el aparato que llamamoscampanera. Es una aspiradora gigante que deja caer el pelo sobre un cono de aluminio que da forma a la campana. Todavía en ese punto aún no hay un paño sólido, pero el cono de aluminio, que es el que va a recibir el pelo, está humedecido con agua y otros componentes químicos, que hacen que el pelo se vaya pegando allí. Posteriormente se coloca un sobre-cono, para luego meterlo en la misma agua con químicos y que el pelo se siga compactando”.
            
“Después de que ha salido del agua, el operario libera la campana del cono y la escurre para eliminar la humedad. A partir de este momento se empieza aafieltrar o compactar el material, de manera que pueda trabajarse como sombrero. Para esto se va reduciendo el tamaño de la campana de manera uniforme, para que quede compacta y no se rompa en ningún momento. Una vez está lista, se pasa a una maquina llamada multiruler que es la encargada de darle las medidas justas para que nos quede bien el sombrero”.

Buscando la medida ideal

“Una vez la campana ha salido de la campanera”, nos cuenta el señor Forigua, “una operaria se encarga de corregir cualquier defecto que haya podido quedar. Digamos que en el pelo hubiese quedado algún espacio. Ella lo ve a tras luz, gracias a una pantalla donde pone la campana, y lo corrige en este momento, en el que aún es posible hacerlo”.

“La máquina multiruler, a donde pasa la campana, es una mesa alta que tiene al final un baño de químicos, agua caliente y vapor, donde se sumergen y se sacan las campanas mediante un sistema de correas. ¿Qué hacen aquí las operarias? Ellas se encargan de poner las campanas en distintos sentidos, las abren y las voltean, a lo largo de varias pasadas, de manera que queden uniformes y tengan la medida ideal”.

“En este momento”, nos aclara el señor Forigua, “la mayoría de las campanas tienen aún las mismas dimensiones. Darles la medida del tamaño de las cabezas, las tallas, es un proceso posterior”.
 

 

 

A la tintorería 

“Pasamos entonces al proceso de tintorería. Al comienzo todas las campanas son del mismo tono y en este proceso lo que hacemos es darles los diferentes colores. Podemos hacerlas del color que ustedes quieran”, dice el señor Forigua, “si alguien quiere un verde fosforescente o una cosa exótica, se puede llegar a hacer”. 

“Usualmente se hacen los sombreros en un solo tono y habría que hacer un proceso más complejo para hacerlo en dos colores. Lo que haríamos es cortar la copa de un color y ponerle el ala de otro, y ya están los dos colores, pero en el proceso de tintorería solo se haría uno por uno. Hacer los sombreros con distintos colores es otro proceso que ya es al final de la tintorería, como cuando se estampa una camiseta. Nosotros no lo hacemos por lo tradicional que es el mercado nuestro por ahora”. 

“¿Qué es entonces la tintorería? Es una olla donde se echan a cocinar los sombreros. Ahí se ponen los colorantes en agua caliente durante un periodo de tiempo, dependiendo del color y la cantidad de sombreros. Tenemos cuatro ollas: la más pequeña tiene capacidad para 12 sombreros y a la más grande para 140. Dependiendo entonces de la cantidad de sombreros se hace la teñida. Lo mínimo que nosotros elaboramos son doce sombreros por color. Si alguien quiere comprar un sombrero y no está en existencia tiene que esperar hasta que alguien más pida ese color, para así podérselo fabricar”. 

“El operario que vigila este proceso se encarga de remover las campanas dentro de las ollas para que no se queden quietas en un solo punto. La olla tiene su propio movimiento, pero el operario debe ayudar a que se muevan las campanas, por lo pesadas que son, y así garantizar que queden mejor teñidas”.

Abriendo las campanas

“Si alguna campana no quedó con las medidas deseadas en la multiruler”, cuenta el señor Forigua, “se pasa por otra máquina que se llama ruletina. Lo único que hace esta máquina es ajustar las medidas: si el sombrero está muy corto de un lado y más ancho de otro; lo que hace es ajustarlo para que nos dé la medida final. En este punto se puede trabajar campana por campana, no hay necesidad de que sean grupos de a cuatro, que es lo que normalmente se acostumbra para trabajarlas al comienzo. Ya después de este proceso podemos decir que tenemos una campana casi lista para vender. Nosotros vendemos las campanas y vendemos los sombreros”. 
“Pasamos entonces a la abridora de ala y a la abridora de copa. ¿Qué hacen estas máquinas? Van a darle la cintura a la campana para que empiece a tener la forma de un sombrero. La abridora de copa redondea la campana en la parte superior, mediante presión y calor. Aunque las campanas son iguales, se ven mucho más grandes las que ya se han abierto. Sólo hay pequeñas variaciones de acuerdo al tamaño del ala del sombrero. Para darle forma al ala, la campana pasa luego varias veces por unos rodillos que le dan la cintura y la dejan lista para enviar al exterior. Casi se puede decir que de ahí puede salir directamente a la caja y luego al avión”.

“Una vez están abiertas las campanas, continuamos con el proceso de engomado. Los sombreros, además del fieltro, tienen una cantidad de goma para hacerlos más duros. Dependiendo de las exigencias de los clientes, los sombreros pueden ser blandos o pueden ser duros. Además deben ser casi impermeables”. 
“Nuestros procesos de engomado”, explica el señor Forigua, “requirieron de muchos estudios y pruebas de laboratorio antes de ser aprobados. Tenemos dos formas principales de engomado. En una se toma la campana tal como está y se pasa por una máquina con unos rodillos que la van humectando poco a poco, dejándola completamente uniforme; digamos un grado de goma para toda la campana. La otra forma utiliza un engomado para la copa y otro para el ala, porque para cierto tipo de sombreros es mejor que el ala sea dura y la copa blanda”.

Corrigiendo algún defecto 

“Las campanas se emparejan con hormas de madera para que no nos vaya a quedar ningún espacio; para que estén completamente uniformes y no vayan a quedar con algún vacío. Al momento de trabajarla es muy importante que la campana no tenga ningún hueco o podría caerse y ya no nos serviría. Si la campana no se puede reparar a tiempo con la ruletina, queda prácticamente perdida: no se le puede hacer nada al sombrero y ya no hay retroceso. La campana no se puede reutilizar. Se podría vender como un sombrero de segunda, pero no es posible volverla a meter en la campanera; ya no hay vuelta atrás. La única posibilidad de corregir es en la ruletina”.

“Cuando las campanas aún están húmedas, se meten a un horno para agilizar el proceso de secado. El ideal es dejarlas que se sequen a la temperatura del ambiente, pero como el clima en Bogotá no colabora y no tenemos certeza de que siempre va haber una temperatura más o menos exacta, tenemos que utilizar el secador para que nos ayude a tener listas las campanas y así poder trabajar. Por desgracia este es un proceso que ya no es tan artesanal como era antes. Trabajamos en línea como se hace el pan: no de a uno ni de a dos, sino por docenas. Nosotros hacemos por docenas los sombreros y para que se sequen tenemos que utilizar el secador”.

La hormadora

“En este punto la campana ya va a empezar a ser un sombrero”, dice el señor Forigua. “¿Qué hace esta máquina? Está máquina es una hormadora y es la que da la medida a cada una de las campanas. En este punto todas llegan más o menos del mismo tamaño y aquí se les da la talla, desde el 52 hasta el 62, que son más o menos los números que se utilizan. Las tallas estándar para Colombia están entre 56, 57, 58… La medida mínima de la talla de un sombrero es de 53 centímetros (la medida de la cabeza de los niños está entre 52 y 53). La talla se determina poniendo un metro sobre las orejas y pasándolo por la frente. ¡Así puedes saber cuál es la talla de tu cabeza!” 

“La máquina hormadora agarra con unas uñitas las alas y con presión y calor comienza darle la forma al sombrero. En el centro se pone un bloque que la máquina va a ir empujando, hasta alcanzar la medida que debe ser. ¿Si vieron un numerito en el sombrero? Esa es la talla”.

“Los sombreros tienen más de cien años de existencia”, nos cuenta el señor Forigua. “Los primeros que hicieron sombreros, que los hacían a mano, utilizaban un aparato que era como un sombrero de copa lleno de uñitas y dientes, que ponían en la cabeza a las personas y así les tomaba la medida. Ya eso se modernizó y se tomó el metro. Ahora se dan las medidas en centímetros para nosotros y en pulgadas para los norteamericanos. Es una medida estándar que en teoría debería ser la misma para las cachuchas, pero para éstas es un poco menor que para los sombreros, porque son más flexibles”. 

“Si un sombrero no es de tu talla, no te va a entrar, si es muy grande se te va a caer a las orejas; la idea entonces es que te dé hasta el filito de la oreja”.

La plancha y la lija

“A veces, cuando las campanas están arrugadas (algo que casi no se ve), se utiliza una plancha para que el pelo de la copa y las alas quede completamente liso. También se utiliza una lijadora, que es una especie brazo grande que va girando. ¿Qué hace esta máquina? Nosotros tenemos varios acabados en los sombreros, como Don Vicente les decía, está el sombrero de pelo guama y están los sombreros lisos. A los sombreros lisos nosotros los denominamos dora. Hay otro tipo de sombrero al que se le ven los pelitos y nosotros lo llamamos talo, y otro acabado que parece terciopelo y que llamamos gamuza; tú lo tocas y parece que fuera del terciopelo que tienen los vestidos. La lijadora va a quitar el exceso de pelo y va a trabajar el sombrero hasta el punto que necesitamos de acuerdo al acabado”. 

“Hay también un tipo de sombreros que tienen un doblés en el borde del ala. Para conseguirlo utilizamos otro aparato de madera que funciona con calor y que permite darle la forma al ala, para que quede un poquito levantada o quede plana, según el gusto del cliente”.
 
Todavía es un trabajo artesanal

“Las manos de la gente aguantan este calor por la experiencia que tienen”, explica el señor Forigua. “A los empleados que comienzan se les dificulta al principio. Es duro. No es fácil el trabajo manual. Incluso tenemos guantes y toda la cuestión para los operarios, pero con el paso del tiempo se los quitan porque les incomodan y trabajan mejor sin ellos. Aunque usamos distintas máquinas, este es todavía un trabajo muy artesanal”. 

“Dentro del sombrero hay una tela que se llama forro, que también se elabora en la fábrica (no la tela, el forro). Se compran los metros de tela, se cortan y se imprimen, porque como pueden ver los sombreros tienen impresos escudos, nombres y cosas por el estilo. En la fábrica se elabora todo el sombrero, a excepción de las hebillas, los botones y la tela para hacer los forros. Al momento de adornar el sombrero, las operarias le ponen el tafilete o desudador y los adornos que van en la parte de afuera. Tenemos diferentes estilos de adornos: se les pueden poner correas en cuero, cintas anchas, cintas delgadas o cintas con hebillas como las que tienen los sombreros de los carabineros. Ya depende del gusto de cada cliente. Esta parte final del adorno del sombrero es hecha también a mano”.

“Cuando tú te pones el sombrero”, aclara, “el tafilete se encarga de absorber el sudor de manera que no se pase al fieltro, porque debido a los componentes químicos que tiene puede manchar los sombreros. Muchas veces si ustedes ven que un sombrero tiene manchas con forma de olas, es porque no tiene tafilete o se dañó o se lo quitaron”.

El terminado definitivo

“Una vez adornados, los sombreros se llevan en unos carros de madera. En cada carro caben doce sombreros, pero por lo livianos que son, cualquier persona puede alzarlos y llevarlos de un lugar a otro. El proceso final y definitivo es el de darle terminado y el control de calidad. En este punto el operario que se encarga de la terminación revisa que todo esté bien puesto en su lugar y, si ve que hay alguna deficiencia en el ala o la copa, la ajusta con vapor. Después se le pone un poco de brillo, para que el sombrero se luzca un poco más”.

“Ya estamos terminando”, dice el señor Forigua. “Lo último que se hace es la impresión de la marca en los tafiletes y en los forros que ya están puestos en los sombreros. También puede hacerse este proceso a medida que se fabrica el sombrero: sencillamente se tienen listos los forros para llevarlos y ponérselos dentro”. 

“Finalmente, tenemos en la fábrica recortes del mismo fieltro con el que se hacen los sombreros, que a veces se necesitan por si el sombrero les queda un poquito grande. Puede ser, por ejemplo, que se hayan cortado el pelo y entonces el sombrero les va a quedar muy amplio. Los pedacitos de fieltro se ponen dentro del tafilete y así se ajusta a la medida de cada uno”.

¿Se lavan los sombreros?

“Depende. No se suele lavar el sombrero, se cambia el tafilete. Por desgracia con los sombreros pasa lo mismo que sucede cuando ustedes se ponen unos zapatos de cuero todos los días, van a tomar mal olor inexorablemente. Lo que pasa con los sombreros es que muchas veces la gente en el campo se los pone a las seis de la mañana, a las ocho se acuestan y lo único que no se han quitado es el sombrero. No hay suficiente tiempo para que el cuero vuelva a transpirar y libere ese sudor, y eso hace que se vaya dañando y tomando mal olor. Esos ya son casos extremos. Pasan, pero son casos extremos. Si ustedes compran un sombrero y no se lo ponen todo el tiempo, el tafilete les puede durar intacto mucho tiempo. Si se ponen el sombrero una, dos o tres horas, incluso la impresión del tafilete no va a presentar ningún cambio”.

El comercio de las campanas

“Vendemos gran parte de las campanas que fabricamos, pero no para el mercado nacional”, nos cuenta el señor Forigua. “Son únicamente para exportación, para que en otros países hagan sus sombreros con sus medidas, sus dimensiones y sus especificaciones para cada uno. Las campanas las enviamos básicamente a México, Estados Unidos, Ecuador y Bolivia; aunque no sirven para hacer los sombrerotes mejicanos, que son hechos en cartón forrado en terciopelo. Esos sombreros son demasiado grandes. Para un sombrero que tiene un ala de más o menos quince centímetros, por ejemplo, no tendríamos la campana necesaria para trabajarlo. Este tipo de sombreros no se elaboran de esta manera y dependiendo de la forma como se hagan se determina su precio”.

La historia del sombrero

Don Vicente cuenta: “La historia del sombrero se remonta a los orígenes del ser humano. ¿Cómo? El individuo de esa época se las ingeniaba con lo que encontraba para cubrirse la cabeza, que es la motivación básica para usar un sombrero. El primer indicio que hay en la historia del uso de un elemento apropiado para la protección del pelo y de la cabeza data del siglo XVI antes de Cristo. Se trata, entonces, de un elemento de vestir muy antiguo. Para el siglo IV antes de Cristo hay imágenes de personas con sombreros de hojas y redes para el pelo. En los escritos y dibujos más antiguos que conocemos podemos ver cómo el ser humano está ataviado siempre con algo en la cabeza, ya sean hojas de plátano, pedazos de piel o algo para la protección”.

“El sombrero se siguió usando en Europa a lo largo de varios siglos y en Francia, por ejemplo, tenemos un personaje como Luis XIII, quién dio vida al sombrero de la época, en una forma muy similar a la actual. Su copa siempre estaba adornada con plumas, joyas y cositas así, y como era el ‘chivo de la época’ todas las mujeres lo admiraban e imitaban su moda. Para el siglo XVII el sombreo se había extendido en el mercado internacional de la época. Fue en Francia precisamente donde apareció el sombrero de fieltro, que era fabricado, como señaló el señor Forigua, de manera artesanal. Desde entonces el sombrero de fieltro ha evolucionado de tal manera que en el mundo entero se están utilizando distintos modelos, de acuerdo a las necesidades de cada uno”.

“Como la materia prima del sombrero de fieltro está en vía de extinción, los fabricantes han tenido que tomar medidas para trabajar con nuevos materiales como el nylon, el poliéster y el cuero, para seguir así el curso de la vida industrial. En la actualidad digamos que la fabricación de este artículo se está bajando cada día más. Es una lástima que nosotros como personas desestimemos un poco el uso del sombrero. Para mí, que llevo tanto tiempo trabajando con sombreros, su uso es una necesidad. Ustedes se han dado cuenta, cuando salen al parque por ejemplo, de los rayos solares tan fuertes que están cayendo, sobre todo en las ciudades altas como Bogotá. Nuestra atmósfera está invadida por rayos ultravioleta, debido al desgaste de la capa de ozono, y los dermatólogos insisten en el uso del sombrero. Por eso en los últimos diez años hemos visto que se ha incrementado su uso, al menos en Bogotá”.

La marca Barbisio

Acerca de la historia de la fábrica Barbisio Don Vicente nos relata que “La actual empresa nace hace más de un siglo con el encuentro entre descendientes de la familia Stella (de la familia Barbisio, fundadores de la fábrica en Italia) que se había instalado en Bucaramanga con miras a abrir mercados para su sombrerería, los hermanos italianos de apellido Lacorazza quienes habían llegado a Barranquilla y habían comenzado trabajando como importadores de sombreros. Los sombreros les llegaban de Italia y empezaron vendiéndolos solamente en la costa, pero luego extendieron su comercio a través del río Magdalena hacia el interior del país, hasta llegar a Bogotá. Fue Martín Marcela, uno de los hermanos, quien hizo un paseíto por acá por el interior y le gustó Bogotá, y se fue quedando. Primero se instalaron en la calle 11 con carrera 8ª, en la casa del Marqués de San Jorge; allí se asentaron y empezaron a distribuir sus sombreros en el barrio Ricaurte. Más tarde, junto con un socio de Estados Unidos, adquirieron una fábrica elaboradora de campanas de lana, que quedaba en la calle 11 No. 28-36, y la transformaron para, hacer hasta hoy, campanas de pelo de conejo, que es el material más fuerte y durable para el sombrero fino”.

Corrección de estilo: Andrés Montañés
Pre-edición: Manuela Ochoa
Entrevista y edición final: María Elena Ronderos