Beatriz González, pintora

Artes visuales
Entre las Artes

beatriz-gonzales.jpgBeatriz González, artista santandereana, ha vivido gran parte de su vida en Bogotá, donde estudió Bellas artes en la Universidad de Los Andes. Sus obras, premiadas en salones nacionales e internacionales, abrieron un camino propio y hacen ya parte de nuestro imaginario artístico nacional.

En Noviembre de 2009, la maestra Beatriz González le contó a los estudiantes de 10º  y 11º Colegio República Bolivariana de Venezuela el proceso creativo que la condujo a la realización de su obra Los Columbarios en el Cementerio Central de Bogotá. 

 

 

  1. Se contempla … se conciben ideas
  2. Hacer la obra o transformación simbólica​
  3. Reflexiones en el tiempo, significados que se forjan
  4. Proyección cultural del trabajo
  5. Bibliografía y agradecimientos

Se contempla … se conciben ideas

“¡ Ha nacido una artista, ha nacido una artista!”

 

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Canción de cuna. 1970.
Esmalte sobre lámina de metal ensamblada en mueble metálico.
70 x 150 x 105 cms.
Colección particular.

“Yo soy de Bucaramanga, soy una artista regional, podemos decir: de provincia…. Cuando era niña jugaba con mis hermanos que eran muy inteligentes, pero mi juego favorito fue siempre hacer casitas; yo hacía casitas por todas partes. Cuando estaba en quinto de primaria, una profesora, una monja (eran monjas suizas), cogió un día un dibujo de una mandarina que yo había hecho, lo alzó frente a la clase y dijo: ‘¡Ha nacido un artista, ha nacido un artista!’. Pero les tengo que confesar que hasta primero de bachillerato no me importaba mucho el colegio; ese año encontré una carta de mi mamá que decía: ‘Beatriz perdió aritmética y geometría, menos mal que no le importa, con eso no sufre’. Mi mamá era muy hedonista y le interesaba que uno no sufriera. 
En segundo de bachillerato me pusieron a hacer una tarea sobre Cristóbal Colón y me apasioné por la historia; me pareció que era lo máximo. Cuando llegué a tercero, me volví la mejor de la clase en matemáticas y en álgebra… En el bachillerato también me iba muy bien en geografía por los mapas y pasaba todas las materias por los dibujos que hacía.

Los Maestros

 

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Apuntes para la historia Extensa de Colombia I. 1967.
Esmalte sobre lámina de metal.
100 x 80 x 8 cm.
Colección particular, Uruguay.

“El primer maestro que tuve que me alentó mucho a dedicarme a la pintura fue Antonio Roda, a quien aprecié muchísimo”, dice Beatriz, cuando le preguntamos acerca de su decisión de estudiar arte.  “También Martha Traba, que fue la profesora de historia del arte que me enseñó que los artistas no sólo producen cosas, sino que también saben mucha historia”. 
“¿Un artista que me haya dejado una huella? Yo creo que Rembrandt, porque tiene una obra que a mí me conmovió mucho: El hijo pródigo. Quizás se pregunten: ¿El hijo pródigo? ¿Qué tiene de especial un muchacho que se voló de la casa y le viene a pedir perdón al papá? Es un grabadito pequeño en el que está el papá abrazando al muchacho, que aparece de espaldas… ¡pero es que el momento de las dos figuras fundidas lo capta Rembrandt con tal expresión! Hoy en día cuando trabajo, sobre todo en figuras de desplazados, todas sacadas de la fotografía, quiero también que quede la emoción del momento; eso es lo que quiero”.

¿Cómo surge la idea de hacer la obra Los Columbarios en el Cementerio Central?

“Yo me he inspirado desde hace muchos años en las imágenes de prensa, no pinto directamente cosas que veo y que me llaman la atención, sino que me fijo, retomo y me gusta trabajar a partir de la reportería gráfica. Tengo una enorme colección de fotografías publicadas en la prensa, a partir de las cuales voy creando, voy haciendo mi trabajo. Toda la obra que he hecho a partir del 63 o 64 ya no parte de trabajar la pintura con modelo. Desde que estaba en la universidad, me había dado cuenta de que tenía que partir de la obra de otra persona y con el tiempo encontré que la reportería gráfica, o sea las ilustraciones y las fotos que salen en los periódicos, era mi inspiración”.
“Pero, ¿cómo llegué en 2008 y 2009 a realizar en un cementerio abandonado la obra Los Columbarios?”. Nos explica Beatriz: “¿Ustedes saben qué quiere decir ‘columbarios’? Yo busqué en el diccionario qué quería decir y encontré que este es un término que viene del italiano. En italiano colomba quiere decir paloma. ¿Ustedes han visto dónde se guardan las palomas? En unas casitas de madera con huequitos. Los columbarios son entonces ese tipo de construcción. Los antiguos romanos fueron los primeros que guardaron sus muertos, o las cenizas de los muertos, en unas construcciones como columbarios, como palomares. Los columbarios de Bogotá se construyeron alrededor de 1920 en los predios del Cementerio Central, para que la gente que no pertenecía a la Historia(con mayúscula) pudiera guardar sus muertos”. 
“Los columbarios del Cementerio Central eran seis inicialmente. Hay fotos donde se ven los seis y se aprecia su valor arquitectónico; muy proporcionados, muy bonitos como construcción; después sigue el Cementerio Histórico, donde están enterrados los presidentes y otra gente ilustre. Más arriba se ve el Cementerio Británico. Los columbarios eran el cementerio de los pobres”.
“Antes de retirarse de la Alcaldía, el alcalde Mockus hizo escribir el letrero: La Vida es Sagrada, La Vida es Sagrada, repetidamente a lo largo de los muros que rodean el cementerio, como todos vimos al pasar por ahí. En este mismo lugar había también otra obra con una rosa que hizo el artista Victor Legnelet, que se llama “Podemos”. En el 2005 todavía había muertos en este cementerio y en las fotos que tomamos se ve que hay unas lápidas que están aún cerradas, pero a finales de ese año la Alcaldía de Bogotá decidió desocupar los columbarios de restos humanos”. 

La primera inquietud

 

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El Silencio. 1992.
Óleo sobre tela.
155 x 45 cm.
Colección particular, Bogotá.

“¿Qué es lo que pasó? ¿Por qué se me ocurrió hacer una obra en un sitio tan poco amable como el cementerio? ¿Por qué me surgió esa inquietud de hacer una obra allí?”
“Doris Salcedo (una artista colombiana muy importante, que hace poco hizo una grieta en el museo TATE Modern de Londres) y yo, nos enteramos un día que iban a tumbar esta parte del cementerio y decidimos que no podíamos aceptar que tranquilamente lo demolieran. Luego supimos que la Alcaldía había tumbado los dos columbarios de los extremos y ya no podíamos hacer nada. Había “una conspiración contra la memoria”, fundada en que los huecos de los columbarios los habían dejado vacíos; no habían dejado volver a enterrar a nadie ni a tener ceremonias de entierro ahí. Pensamos: ¿Por qué los desocuparon? ¿Para qué? ¿Cuál es la razón? ¡Tumbarlos! La Alcaldía quería hacer una cancha de fútbol y una pista de patinaje”.
            “Doris, muy intrigada por la memoria colectiva, que es algo por lo que nos preocupamos los artistas de ahora, decía que los columbarios merecían ser conservados por su belleza arquitectónica. Además, la actividad que se había desarrollado allí había hecho de éste un espacio sagrado, así como el de las iglesias, que son sitios ceremoniales cualquiera que sea el rito. A los columbarios iban las personas, limpiaban la lápida, llevaban flores, cambiaban el agua, rezaban, mencionaban los nombres de los difuntos y les contaban sus problemas a sus muertos. Era de verdad un sitio ceremonial que estaba por acabarse”.
“A Doris le habían aprobado un proyecto en la Alcaldía, que consistía en que cada dos años un artista hiciera una obra en la ciudad (proyecto que ya no existe). Una noche yo pasaba frente al cementerio y se me ocurrió una obra para presentarle a la Alcaldía: algo así como que podía cerrar todos los huequitos de los columbarios con lápidas con una imagen particular diseñada por mí. Sería un trabajo grandísimo”.
“Los columbarios estaban en un estado espantoso. Ustedes no se pueden  imaginar lo que sentí cuando llegue allí, después de que le propuse hacer esta obra a la Alcaldía, y vi el estado en que se encontraban los edificios. Estaban cayéndose, todos deteriorados y llenos de mugre; las palomas mismas habían dañado muchas cosas. La Alcaldía decidió que iba a apoyarme y que iba a limpiar eso (no a restaurarlo, porque todavía no se había pensado en la restauración)”.

Hacer la obra o transformación simbólica

Inventarse una imagen

 

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Columbarios del Cementerio Central de Bogotá

“Para este proyecto”, cuenta Beatriz, “resolví olvidar las imágenes de mujeres abrazadas llorando, que había estado trabajado en ese momento. Trabajé mucho en inventarme una imagen adecuada para las lápidas. ¿Ustedes son capaces de inventarse una imagen? Invéntense una imagen. Yo me fijé que en todos los buses de Bogotá había una mujercita en la playa, tirada entre unas palmeras; esa mujer era la imagen del placer. Yo me preguntaba: ¿de dónde salió esta mujer? Y resulta que era una imagen traída de Miami y se la habían puesto a todos los buses. Entonces decidí que yo quería hacer lo contrario: quería hacer la imagen del dolor”.

“Siempre me ha intrigado ese gusto popular por los ataúdes decorados”, dice Beatriz, refiriéndose a los antecedentes de su obra. “Fíjense ustedes; la gente decora los ataúdes, les pone unos dibujos y unos colores especiales. Vi que en los cementerios había muertos muy raros y que la gente hace cosas extrañas, como en Barrancabermeja y otras partes. Son cosas muy interesantes, pero las personas se olvidan de ellas. A mí me gusta mucho la expresión popular”.

 

“Ésta era la tumba de un niño en Medellín”

 

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Vista hermosa. 2006.
Carboncillo sobre tela
25 x 1200 cm
Colección particular, Bogotá

“También empecé a observar que a los muertos en Colombia los cargan de las maneras más raras: se llevan en bolsas, en hamacas, en telas con palos atravesados. Antes los silleteros cargaban a las personas que querían trasladarse de un lugar a otro, cargaban a los vivos; ahora se envuelve a los muertos de muchas maneras. Empecé a hacer una serie de dibujos para representar esas formas, unos dibujos en carboncillo que son más bien pequeños, no son grandes”.

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Vista hermosa. 2006.
Carboncillo sobre tela
25 x 1200 cm
Colección particular, Bogotá

“Durante este proceso encontré una foto de unos soldados que marchaban llevando un ataúd y se me ocurrió hacer un grabado (yo había vivido en Holanda, donde aprendí a hacer grabado en metal). Este era un grabado difícil y lo mandé hacer, pero me di cuenta de que lo que necesitaba hacer era una lápida, y entonces le pedí a los señores que me estaban imprimiendo el grabado que le dieran esta forma. El sitio de la foto era un sitio en los llanos que se llama El Pedregal, por eso la obra se llama Lápida de Pedregal. Sin embargo, no quedé contenta con esto: los colores eran muy suavecitos, no me gustaban”.

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Vista hermosa. 2006.
Carboncillo sobre tela
25 x 1200 cm
Colección particular, Bogotá

“La obra de los columbarios se llama auras anónimas”, cuenta Beatriz, “porque todos los seres humanos tienen un aura y si uno desaparece, el aura queda (tal vez han visto fotos tomadas en el siglo XIX con una cámara de esas de daguerrotipos, en las que se alcanza a ver el aura de las personas que estuvieron en un sitio y al momento de la foto ya no están). Se llama Auras anónimas porque nadie sabe la cantidad de personas que pasaron por esos columbarios. Imagínense: cada siete años una persona distinta. Las auras estaban flotando en el aire de Bogotá y estaban esparciéndose y había que concentrarlas, había que encerrarlas con una lápida. Lo que yo quería era ponerle lápida a estas tumbas vacías, para colaborar con el descanso de esas almas.

Los materiales y la técnica

 

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Vista hermosa. 2006.
Carboncillo sobre tela
25 x 1200 cm
Colección particular, Bogotá

“Hice 8 modelos para las lápidas en carboncillo sobre papel. Debía buscar a alguien que se le midiera a la elaboración del proyecto, porque al contar cuántos huecos había eran 8.957. ¡Tenía que hacer 8.957 lápidas! ¿Quién se le mediría a hacer eso? No podía además utilizar mármol, así que tuve que buscar unos especialistas en un sistema de grabado que se llama serigrafía (que es impreso con seda) y buscar un material que fuera a resistir tres años, porque esta obra va a estar aproximadamente hasta el 2011”.

“Contacté la empresa Master - Tamigrafía que queda en el sur de la ciudad y es la que le hace a Carulla ciertos avisos y tapetes. Ellos hacen trabajos al por mayor y propaganda que resiste la intemperie, gracias a sus características particulares. Hicieron las serigrafías sobre laminas gruesas de poliestileno de manera que resistieran la intemperie, pues es un material que no se dobla ni se decolora. Hicieron un trabajo excelente, muy organizado para que no se fueran a refundir las distintas lápidas. Yo quise llevarme las piezas para mi estudio, pero cuando ya llevaba una buena cantidad, me di cuenta de que pesaban muchísimo. ¡Podían realmente desfondar el apartamento! Por esto la Alcaldía prestó una casa para guardar la obra en un primer piso, mientras íbamos colocando cada una de las lápidas”.

Preparar el lugar

 

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Vista hermosa. 2006.
Carboncillo sobre tela
25 x 1200 cm
Colección particular, Bogotá

“Mientras yo trabajaba en las serigrafías, la Alcaldía hizo el aseo general y blanqueó de nuevo las paredes de los edificios. Antes de empezar a trabajar era impresionante el desaseo y la suciedad; había mucho, mucho mugre y toda clase de cosas. Encontramos, por ejemplo, muchísimas culebras, unas serpientes rojas y negras que pensé que podían ser corales, pero no: eran serpientes de tierra fría. Había también palomas por montones; muchas estaban muertas, porque en este sitio los viernes se hacían rituales satánicos donde ahorcaban a los pobres animales y quién sabe qué más. Además en los columbarios vivía gente; había olor a sopa. ¡Un cementerio que olía a sopa! Descubrimos que en un cielo raso vivían varias personas y la Alcaldía hizo un trato con ellas para trasladarlas a otra parte y tapar luego los huecos del cielo raso. Se hicieron también varios arreglos menores, mientras se restauraban completamente los edificios”.

El montaje de las lápidas

 

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Vista hermosa. 2006.
Óleo sobre mármol
10 x 15 cm
Colección particular, Bogotá

“En ese momento necesitaba a alguien que me ayudara a montar las lápidas. Cuando era curadora del Museo Nacional de Colombia, de las obras de arte histórico (durante catorce años), conocí a la familia Zapata: un grupo de personas que sabían hacer trabajos refinados con las manos. Estaban acostumbrados en primer lugar a trabajar en grandes proporciones y en segundo lugar con obras de arte; ellos colaboraron con el Museo, por ejemplo, cuando llegó de China la exposición de los soldados de terracota. Por desgracia, ya habían salido del museo, pero los pude localizar y me ayudaron a conseguir más gente. Organizamos tres equipos, pero resulta que la gente le tiene pánico a trabajar en el cementerio, incluso de día, así que terminamos sólo cuatro personas y al final únicamente dos haciendo este trabajo”.

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Columbarios del Cementerio Central de Bogotá

“El montaje nos presentó otros problemas. Al tratar de poner las láminas sobre los huecos, no sabíamos cómo sostenerlas. Acabamos organizando una carpintería allá en el sitio, porque nos dimos cuenta que sin clavar puntillas, sobre unos triangulitos de madera colocados en las esquinas de las tumbas, se podían poner las lápidas. Por ser el sitio un bien patrimonial, tenía que tratarse con mucho cuidado. Después vino el problema de los bordes que quedaban muy feos; ensayé con yeso, pero se secaba muy rápido, y finalmente resolvimos la cosa con cemento. Como pueden ver, quedaron muy bien acabados; se pintó el cemento y quedó todo muy bien. Nos ayudó un estudiante de artes que traje de Santander, que iba limpiando a medida que iban quedando las lápidas. Los ocho dibujos que había hecho quedaron alternados en distintos lugares”.

Reflexiones en el tiempo, significados que se forjan

Memorias del Sitio

Columbario del Cementerio Central de Bogotá.jpg“Ya no quedan nombres en los columbarios; ya no sabemos quiénes son, pero de todas maneras es un homenaje a la memoria de tantas personas que fueron enterradas allí y que ya no están. Es también una memoria de todas las personas que han muerto en masacres o han desparecido en las situaciones tan violentas que hemos vivido en el país. Sus nombres no están, pero queda su memoria en este lugar sagrado”.

“Cuentan que el Nueve de Abril pasó algo muy curioso, Como había tantos muertos en Bogotá, los traían en volquetadas, los tiraban en los corredores de los columbarios y les amarraban un numerito en el dedo del pie. Las personas que tenían parientes desaparecidos iban allá a buscar cuál era su muerto y se lo llevaban, o lo enterraban en el cementerio contiguo, donde está el parque que ahora se llama Parque Renacimiento. Los que no fueron reclamados pronto por sus parientes los tiraron en unas fosas comunes que quedan muy cerca y todavía hay gente buscando allí a sus muertos de ese entonces”.

“Ahora los restos de los seres queridos no se guardan. Hay mucha gente que tira las cenizas al mar, a un río, a un lago; esto hace que desaparezcan los lugares ceremoniales y, junto con éstos, la memoria de la ciudad. El filósofo alemán Andreas Huyssen, muy importante ahora, dice que actualmente hay una conspiración contra la memoria; que la gente no quiere recordar y que la memoria es un derecho como lo son los derechos del hombre. Hay que decir entonces: ‘¡Tenemos derecho a la memoria!’”.

 

Proyección cultural del trabajo

La Respuesta del Público

 

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La Vida es Sagrada. 2006.
Columbarios del Cementerio Central de Bogotá
Foto por Edgar Zuniga Jr.

“Me llegaron muchos correos electrónicos, agradeciéndome que se honre la memoria de las personas desaparecidas cuyos parientes nunca las encontraron. Esas personas por lo menos están de alguna forma representadas en estas lápidas sin nombre, que recuerdan los miles de personas que han muerto y que han sido cargadas a la tumba por otros que muchas veces no supieron quiénes eran”.

“En este país todos los días vemos noticias muy duras. Con Doris Salcedo quisimos guardar esta memoria, quisimos llamar la atención para que no olvidemos a nuestros muertos. Por fortuna la Alcaldía, Patrimonio, hizo una convocatoria para la restauración y para la conservación de este lugar y se la ganó una fundación que trabaja por la recuperación de la memoria de este país. Van a hacer un proyecto que contempla una gran entrada de bareque, hecha con tierra traída de sitios donde han sucedido masacres: del desastre de Armero, de sitios como Mapiripán, el Aro, y todas estas masacres que ha habido. Va a haber también un sótano debajo de los columbarios, como un museo de la memoria. El proyecto salvó este monumento, porque estas personas se van a encargar de que se cuide, de que se conserve. Esperamos solamente que no haya otro alcalde u otro Concejo que resuelvan cambiar la norma y derogar la decisión de conservar el sitio”.

Bibliografía y agradecimientos

http://www.latinartmuseum.net/beatriz_gonzalez.htm
Entrevista, grabación y edición: María Elena Ronderos
Corrección de estilo: Andrés Montañés