Santiago Cárdenas, pintor y grabador

Artes visuales
Entre las Artes

santiago_cardenas.jpgEste artista Bogotano, de origen payanés, vivió 20 años en los Estados Unidos donde estudió pintura y dibujo en Rhode Island School of Design en Providence, e hizo Maestría en Bellas Artes en la Universidad de Yale. Sus obras, premiadas en salones nacionales e internacionales, abrieron un camino propio y hacen ya parte de nuestro imaginario artístico nacional.

El maestro Cárdenas entró como docente a Bellas Artes de la Universidad de Los Andes en 1968, y en 1970 se vinculó de tiempo completo, como profesor de taller, a la Facultad de Artes de la Universidad Nacional, donde trabajó hasta 1996. Dirigió múltiples proyectos de grado y sigue siendo un maestro-artista.

En enero del 2006, en el contexto de la exposición retrospectiva que le hizo el MAMBO (Museo de Arte Moderno de Bogotá), el Maestro Santiago Cárdenas nos cuenta aspectos de su proceso creador

  1. Se contempla... se conciben ideas​
  2. Hacer la obra o transformación simbólica
  3. Reflexión analítica, decisiones, significados que se forjan
  4. Proyección cultural del trabajo
  5. Bibliografía

Se contempla... se conciben ideas

"La infancia… en mi casa eran periódicos con los que nosotros jugábamos"

 

Florero, 1958..jpg
Florero, 1958.
Oleo sobre tela.
0.50 x 0.40 cms.

Como los años de 1945 y 46, cuando yo era niño, aquí en Bogotá no había muchos juguetes, era la época de la segunda guerra. Yo recuerdo que todo el mundo era muy pobre, las calles estaban sin pavimentar, nosotros vivíamos donde hoy queda la clínica Marly, en la carrera 9ª. Entre los pocos carros que había mi papá tenía uno. Él salía a trabajar y nosotros nos quedábamos mirando por la ventana. Invariablemente en la esquina se pinchaba y yo tenía que salir a cambiar la llanta, pero cambiar la llanta era ponerle parche y todo. Y luego nosotros, allá chiquitos, mirando a papá arreglar su carro…. en esa época no había llantas, neumáticos o gasolina. Me acuerdo que cuando los carros, los camiones y los buses llegaban a una loma apagaban el motor y rodaban para ahorrar gasolina, esto da la sensación de la fragilidad del medio.

Papá trabajaba en El Tiempo, entonces lo que si había en mi casa eran periódicos con los que nosotros jugábamos. Mi papá era un tipo muy hábil, nos enseñó a recortar con tijeras muñequitos de los periódicos, de esos que son todos amarrados de los brazos y, entre Juan mi hermano y yo hacíamos unas filas enormes con esos muñequitos. Los decorábamos, los coloreábamos, los dibujábamos, les poníamos caras. Generalmente les poníamos uniformes. Como todas las noticias eran de la guerra, entonces cada uno teníamos un ejército. En el corredor de la casa él armaba su ejército de un lado y yo lo armaba del otro, y hacíamos cañones que disparaban cositas de papel de un lado a otro. Nuestro juego preferido era este de los ejércitos. También hacíamos caballos y los pintábamos. Papá no nos guiaba mucho porque él se iba a trabajar, pero una vez que nos enseñó a hacer esto, fue como tener un patrimonio que se podía utilizar muchísimo.

Les cuento una anécdota de niñez que tiene que ver con mi hermano Juan: Cuando vivíamos ahí en Chapinero en la calle 49, había una reja en mi casa y a nosotros nos encantaba meternos por entre la reja y salirnos a la calle. Un día papa resolvió ponerle unos entre-palos para que no nos pudiéramos escapar y la razón que nos dio fue que la calle era muy peligrosa, que había muchos ladrones que se robaban a los niños. Pero un día antes de que enrejara, había llegado mi hermano Juan aterrado a contarnos a todos, que había visto un diablo montando bicicleta en la calle, que se había metido en una alcantarilla y que había desaparecido. ¡La imaginación de mi hermano! Yo me imaginé esa escena y aún la tengo presente. Cada vez que paso por ahí me acuerdo del diablo. (Yo soy mayor pero digo que Juan es más viejo).

En la clase de arte

Autorretrato, 1959..jpg
Autorretrato, 1959.
Óleo sobre tela.
1,25 x 0.90 cms.

Cuando yo tenía como 8 años nos fuimos a vivir a Medellín y parece ser que allá eran muy adelantados en materia educativa. En la clase de arte teníamos un cuaderno de dibujo que debía llevarse como el de matemáticas o el de escritura. En ésta clase copiamos un dibujo que la profesora hacía en el tablero. Recuerdo mucho que copié un tipo parado en un trampolín con los brazos extendidos y que me preguntaba: ‘Pero, ¿porqué estará tan tieso el tipo para lanzarse del trampolín? El punto era que había que dibujarlo como lo pintaba la profesora. Se supone que yo era un buen artista en esa época porque hacía muy juiciosamente los dibujos, y creo que una vez me dieron un premio que era unos lápices de colores.

La vocación: yo no soy arquitecto, soy pintor

Viví en Estados Unidos casi 20 años. La verdad, yo no sabía qué era ser artista. Cuando estaba en bachillerato me gustaba mucho dibujar, me gustaba la arquitectura. Tuve buenos profesores de arte en los colegios gringos, me estimularon mucho a mi y a mi hermano. Pero cuando hubo que salir a la universidad, mis papás resolvieron que no era tan buena idea estudiar arte, que tal vez era mejor estudiar algo más práctico como arquitectura. Yo ahora lo pienso así: ¡Tengo dos hijos artistas y me hubiera gustado haberles insistido más en que fueran banqueros!. Entonces, acordé con mi padre estudiar arquitectura a cambio de que pudiera tomar clases de arte y dibujo. Realmente no sabía qué era pintura, a mi eso me parecía dificilísimo. Uno de los estímulos que había en mi casa era ver los cuadros de mi tía Marina Cárdenas de Concha que había estudiado pintura, era muy talentosa. Así, entré a Arquitectura y en el 2º año comencé a tomar una clase de pintura y de dibujo.

Hice un florero pequeñito que tiene un marco todo barroco. Cuando los profesores vieron ese cuadro, que yo no sabía si era bueno o no, me dijeron que yo tenía que estudiar pintura, que tenía que ser pintor. Y yo les dije: “Ah, pero es que eso es Picasso, eso a mi no me gusta!”. Pues ellos me convencieron de que yo estaba equivocado y que debía ensayar. Ensayé a ser artista y me gustó tanto que aquí estoy. Después de un año, cuando volví de la universidad a mi casa, mis papás me dijeron: ‘Bueno, muéstranos qué hiciste en la universidad”. Entonces saqué una cantidad de dibujos de modelos desnudas, les expliqué lo que dibujaba. Les pareció muy bien, pero luego me preguntaron por los planos arquitectónicos, y les dije: “Pues la verdad es que yo no soy arquitecto, soy pintor!”

Mirarse al espejo, observar la obra de otros

Modelo con rodilla doblada.jpg
Modelo con rodilla doblada, (hillary) 1963.
Carboncillo.
0.61 x 0.46 cms.
Óleo sobre tela.
1,25 x 0.90 cms.

Yo creo que los profesores dicen que es bueno hacerse el autorretrato para frustrar al estudiante, lo más difícil que hay es hacer un autorretrato. Si hacerle un retrato a otra persona es difícil, hacérselo a uno mismo es más difícil. Uno se ve al revés en un espejo, nunca hay posibilidad de llegar a hacer un autorretrato veraz. Como en el tercer año de la carrera hice un cuadro que se llama Autorretrato en espejo, lo hice basado en Las Meninas donde Velásquez está mirando al espectador pintando un cuadro, pero el cuadro no se ve y hay un espejo en el fondo. Hay mucha polémica en la historia del arte sobre quiénes están ahí, si los Reyes le están posando a Velásquez …. Yo quise hacer una parodia de eso. Me puse yo como Velásquez, frente a un espejo y ese fue el resultado. ¿Es muy abstracto este cuadro?

Sentirse parte de un tejido cultural

Yo llevaba muchos años en Estados Unidos, si no fuera por mis padres que eran tan sumamente
colombianos, creo que me hubiera convertido en un gringo 100%. En 1964 llegué aquí a vacaciones, estaba todavía en la universidad, vine por un mes y volví del todo en el 65. Me pareció que Colombia era un país maravilloso, con gente tan querida y tan buena. Me suscitó una cosa que yo no había sentido antes, fue como amor a primera vista. Estados Unidos es un país frío, mecánico, rápido, monetizado. Allá cuando sucede un terremoto se preocupan primero por las perdidas monetarias, y luego dicen: ‘Hubo 300 mil muertos’. Así presentan las cifras. Llegar acá fue un cambio, un choque cultural, encontrar a mi familia, cantidades de primos, tíos, tías… Me fui quedando. Me enamoré de Colombia.

Encontrarle sentido al mundo alrededor

Vestido, 1983..jpg
Vestido, 1983.
Carboncillo.
1,51.5 x 1,02.5 cms.

Aquí en nuestro medio vi muchos de los temas que pintaba como trabajos de grado en la universidad en los Estados Unidos, y algunos quedaron en la obra. Por ejemplo: La mujer en minifalda con gafas oscuras subiéndose y bajándose de los automóviles, los supermercados y una cantidad de cosas muy norteamericanas, muy del ‘progreso’, de la era moderna. Aquí ya estaba metida la sociedad de consumo con algunas diferencias.

Además, sentí que para la gente, especialmente en Bogotá, era importante la manera de vestirse, yo veía que la gente más pobre se vestía con saco, chaleco y corbata. Vi que todo el mundo tenía un gran interés en el vestuario, especialmente me impactaba el vestuario de los hombres. Los obreros que iban a hacer zanjas y que en las obras se ponían un overol encima, usaban corbata, camisa blanca abotonada hasta el cuello y sombrero negro. Todo era muy blanco y negro en Bogotá: blanco, negro y rojo. Uno iba a la Plaza de Toros y se veía blanco, negro y rojo, muchos de rojo. Eso me impactó mucho. Cuando uno iba por San Victorino o por el centro de Bogotá, en todas las tiendas populares colgaban en la puerta ganchos con la ropa que querían vender, ni siquiera en la vitrina. Entonces se me hizo que había que pintar eso.

Evocación

Hay una anécdota que ahora recuerdo, que es una de esas cosas que entra en la producción de la obra: Cuando yo tenía 8 años vivía en Bogotá en la carrera 5ª con calle 24, en un edificio que es ahora de la universidad Tadeo. Papá se había comprado un traje nuevo, lo había puesto encima de la cama y se estaba bañando. Yo vi ese traje que tenía al lado unas tijeras que mamá había dejado y a mí me pareció interesante lo que vi. Puse los pantalones en el piso, me acosté sobre ellos, medí más o menos a donde llegaban mis pies, cogí las tijeras, los corte y me los puse. Cuando mi padre salió del baño y me vio disfrazado con su nueva ropa y los pedazos de pantalones en el piso, se llevó un choque terrible, pero curiosamente no me hizo nada. Después del disgusto inicial se quedó asombrado y me dijo que había cortado muy bien, muy rectamente los pantalones.

El criterio propio y la mirada de los otros

Dibujo de hombre, 1967.jpg
Dibujo de hombre, 1967.
Carboncillo.
1,00 x 0.70 cms.

Cuando llegué a vivir a Bogotá, a mi me divertía mucho que me ubicaran en el Pop Art, porque yo no me consideraba para nada artista Pop. Yo no creía que esto fuera bueno. Además los artistas Pop prácticamente no pintaban, usaban mucho la serigrafía, los medios masivos de reproducción, mientras yo sí quería seguir siendo pintor y pintaba mis cosas a mano. Aquí en Colombia sabían quienes eran los artistas Pop, los conocían y les parecían interesantísimos porque se veían como si criticaran a la sociedad de consumo violentamente, cosa que en Estados Unidos no era cierta. Allá los artistas Pop elogiaban la sociedad de consumo, Andy Warhol quería ser de plástico, el decía que lo bueno era la repetición, esa cosa mecanizada. El Pop era un elogio a la sociedad de consumo, a la Coca-Cola en lugar del vino, la hamburguesa en lugar del filet mignon; quería decir decir: Norteamérica tiene su propia identidad a través de estos elementos de la sociedad de consumo y como artistas debemos apoyarla. Por eso cuando llegué me pareció tan extraño encontrar que el Pop también estaba echando raíces en Colombia.

Asociación libre

En 1962…. posiblemente el viaje del hombre a la luna tiene algo que ver con mi trabajo en esa época en que estaba preocupado por los espacios. Hay un dibujo que se llama Aerolito, papel y tijeras, que viene del famoso juego de “piedra, papel y tijera”. Le puse ese nombre porque andamos bajo la amenaza de que cualquier día caiga un aerolito y acabe con la tierra.

La poesía de lo cotidiano

Tijeras, 1983..jpg
Tijeras, 1983.
Carboncillo.
0.50 x 0.70 cms.

Cuando llegué a vivir a Bogotá, me di cuenta que la gente en el mundo contemporáneo vive entre cuatro paredes y que esas cuatro paredes tienen que decir mucho de nosotros. Debería haber alguna manera de representar esto artísticamente. Entonces comencé a pintar paredes. Esta idea había comenzado cuando estaba en New Haven, en la Universidad Yale, cuando sin tener un tema para pintar me decía a mí mismo: “Todos los grandes artistas han tenido un gran motivo para pintar, no es solamente técnica lo que el artista tiene que demostrar, tiene que decir algo, yo no tengo nada que decir, soy analfabeta, soy poco poético!”. Entonces llegó un día que, ya desesperado, dije: “Bueno, cuando llegue a mi taller lo primero que vea es lo que voy a pintar y ese va a ser mi tema. Entonces entro y ¿qué veo? La pared! Sigo observando un poco más y veo una cantidad de vasitos de papel de tomar café de los que se compran en maquinitas, todos estaban llenos de pintura o de sobrados de café o con pinceles. O la pared o las tacitas de café. Entonces comencé con las tacitas de café, la pared era un poco difícil de pintar. Fui progresando hasta que entendí cómo se podían pintar las paredes. Y con todo esto, mi concepto de lo poético estaba cambiando, encontré que hay una poesía de lo cotidiano, del artefacto, que hasta ese momento no se tenía muy en cuenta.

Después de esa primera fase, donde el tema eran los objetos cotidianos, las paredes, las cosas que uno se encuentra por ahí, los cordones eléctricos la ropa, caí en cuenta que el verdadero tema de mi pintura era el espacio, la luz, el color, y por ende en el fondo yo, yo mismo era el tema.

Hay que tener en cuenta que en los años 62, 63, 64 el arte Pop estaba surgiendo, cuando las pinturas de vanguardia en el mundo eran abstractas, especialmente en Nueva York (donde mis profesores y yo estábamos tan cerca), las más importantes obras eran las de Jackson Pollock, de De Kooning, de los pintores del movimiento expresionista que miraban hacia adentro, hacia su alma, para expresarse de una manera explosiva, violenta. De Kooning que era en ese momento considerado como uno de los artista norteamericanos más importante de todos lo tiempos, y de verdad fue un hombre muy brillante, decía unas cosas extraordinaria: “El espacio de los científicos a mi no me interesa, allá ellos con su luna y sus planetas, el espacio que yo habito es el espacio que necesito, el espacio que es más o menos el largo de mi brazo hasta donde yo puedo pintar con la brocha”. No estoy citando exactamente, pero más o menos esa era la idea. ¿Qué quería decir esto? que a él lo que le interesaba era su espacio vital como ser humano en la tierra. Entonces yo comprendí que el espacio ilusorio que habían creado los artistas a través de los siglos, de hacerle creer a uno que uno estaba viendo a través de una ventana, un paisaje como en el Renacimiento italiano, era un espacio que ya no tenia cabida en mi obra; yo tenía que dedicarme a ese espacio físico que yo mismo habitaba. Entonces la idea mía fue situarme no sólo a mi mismo sino también al espectador en ese espacio, de modo que el espectador esté viendo un cuadro mío se sienta casi en el puesto de la persona que pintó el cuadro. Y como hacer eso. ¿Cómo hacer ese espacio?

Hacer la obra o transformación simbólica

Se plantea un problema

Las tazas, 1977..jpg
Las tazas, 1977.
Óleo sobre tela.
1,12 x 1,27 cms.

Si, ¿Cómo hacer ese espacio? El Pop era un movimiento totalmente al contrario, miraba hacia fuera, qué era lo que estaba afuera. Pero una de las cosas que estaban prohibidas era hacer espacios ilusorios, esto no era norteamericano. Los norteamericanos eran muy dados a crear un arte norteamericano que no engañar el ojo, porque ese era el espacio Renacentista, el espacio antiguo, el espacio Europeo.

Yo estaba entre esas dos corrientes: o mirar hacia fuera es decir al realismo, a la figuración, al cuerpo humano, o mirar hacia adentro, a las manchas de colores, brochazos, expresión y ese tipo de cosas. Entones había un conflicto en mí y yo no sabía qué hacer. Como hasta ese momento yo era ambivalente, no sabía si era gringo o colombiano, hice entonces esta reflexión: Si como Norteamericano no podría hacer algo ilusorio que engañara al ojo, dado que yo no lo era entonces yo si podía hacer un espacio ilusorio, podía hacer lo que se me diera la gana. Pero además pensé que también tenían razón estos tipos, que yo no debía hacer de la tela ese espacio ilusorio, porque eso ya se hizo, entonces yo haría un espacio ilusorio enfrente de la tela y fue cuando comencé a recortar los cuadros con cosas enfrente para que el cuadro se saliera, me acordé de las tiras cómicas “Educando a Papá”. ¿Se acuerdan que siempre había cuadros en la casa de Don Pancho de donde las cosas se salían? Eso me llamaba a mí la atención tremendamente, eso es lo que yo quería hacer. Venía con esa idea pero no sabía como hacerla.

“no quiero engañar el ojo sino inquietar el pensamiento”

a e i o u, 1975.jpg
a e i o u, 1975.
Óleo sobre tela. 
0.40 x 0.50 cms.

Pintaba las paredes, porque las paredes son muy planas y era lo que más se podía acercar a la superficie del cuadro. Hasta que un día en el año 72 cuando me nombraron Director de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Nacional, hice poner un tablero en mi oficina porque tenía muchas reuniones con los profesores, y teníamos que explicar y escribir cosas. Y un día me quedé mirando el tablero y me pareció que eso no era un tablero sino que era un cuadro. Que bueno sería poder pintar un cuadro así. Entonces cuando llegué a mi casa, en mi taller tenía un bastidor chiquito que preparé inmediatamente e hice un cuadro que se llama AEIOU. Más tarde llegó mi hermano Juan, gran crítico de mi obra, y me dijo: “¿No te estás yendo por las ramas, porqué no pintas algo así como un tablero?”, y yo quedé sorprendidísimo y le dije pues es que ya lo pinté. “¿Cómo que ya lo pintaste?”, se acercó a mirarlo: “¡Ah no pues es que esto es!”.

Así fue. Lo bueno de eso era precisamente que la gente cuando veía un cuadro de esos tenía la tendencia a tocarlo, entonces yo sabía que lo había engañado lo suficiente para que pensara, yo lo que quería era motivar al espectador.

Reflexión analítica, decisiones, significados que se forjan

Yo no quiero que la gente vea mis cuadros únicamente como algo que se cuelga encima de un sofá para decorar la casa. Puede tener esa función, no se la quito del todo, pero me parece que el arte debe trascender la mera decoración y que debe llevar algo más contundente en su esencia y eso era lo que yo encontré que podía llevar: Comunicar algo al espectador que se sintiera real para que cuestionara su existencia, para que se pellizcara para ver si estaba vivo; ¿Cuál es su relación con el mundo? ¿Cuál es su relación con el arte? ¿Porque observa lo que observa? En fin, que se cuestione un poquito y al mismo tiempo goce de ese placer estético que se le está presentando, pues creo fundamentalmente que el arte debe ser un placer, debe dar placer.

Cuando yo era estudiante en Estados Unidos, en la universidad la gente era muy analítica, nada se descartaba así no más. Como les decía lo que estaba de moda era arte abstracto y el arte muy abstracto. Después de Jackson Pollock vino lo que se llamó el arte Minimalista. Por ejemplo, un artista como Rothko pintaba unas manchas de color, Barnett Newman pintaba una raya vertical y eso era todo, entre otras cosas porque había este prejuicio contra la ilusión, contra decir mentiras. Se creía que el arte tenía que ser absoluta verdad, y lo que daba la ilusión de una forma conocida no era verdad. Una raya sobre una tela era una raya sobre una tela.

Pero yo les cuestionaba: En el arte abstracto, si usted pinta una raya sobre una tela ¿dónde está esa raya? Ustedes dicen que está sobre la tela, pero si se ponen a analizar esa raya, esa raya podría estar muy lejos en ese fondo del cuadro, no sabemos realmente esa raya qué es o donde está. Entonces para que el arte abstracto se vea como ustedes quieren que sea, ustedes también tienen que crear una ilusión, una ilusión realista para que de verdad esa mancha de color o esa raya o ese brochazo se vea encima de la tela. Y efectivamente en un cuadro de Jackson Pollock se puede ver, se siente, como una maraña de alambre, se siente espacio. Ellos estaban en contra de eso, sabían que esa pintura estaba encima de la tela, pero no se veía encima de la tela; se veía flotando. Entonces yo decía que hay que crear una ilusión de realidad, de lo que se dice que es el objeto pintado. Pensé que yo si podía crear una ilusión enfrente.

Fracasos, dudas que se van resolviendo (Mientras cae el Muro de Berlin)

Musa con mesa, 1989..jpg
Musa con mesa, 1989.
Óleo sobre lino.
1,27 x 1,27 cms.

Cuando yo me metí a ser artista, o pintor mejor que artista, era porque yo quería hacer lo que se me ocurriera y no lo que me dijera la gente. Quería ser libre. Llevaba todos estos años pintando tableros, pintando cajas de cartón y me estaban exigiendo que siguiera produciendo esto. Pensé que me estaba burocratizando. Me dije: “Tengo que cambiar, no importa que sea un salto al vacío, voy a regresar a mis origines, a mi enseñanza inicial que eran Matiz, los expresionistas, Picasso, y voy a meterme en ese mundo de la pintura – pintura de adentro”, pero hubo muchos fracasos. 

Tuve entonces dudas que resolví de la siguiente manera: Me acordé que cuando habían llegado los españoles acá, a Colombia y a América, habían venido a caballo, con armadura y con una tecnología muy desarrollada de frente a todas las civilizaciones indígenas precolombinas, y una de las primeras cosas que hicieron fue destruir esa cultura. Se dedicaron a destruir los templos en México, Guatemala, las pirámides. Y en ciudad de México uno ve que construyeron la catedral (un orden nuevo y diferente) encima de las pirámides, pero con las mismas piedras. Como en ésta nueva etapa me estaba acercando a ese mundo expresionista de Pollock y De Kooning, decidí pintar sobre ellos usando sus elementos de construcción, como los españoles usaron los de las pirámides mexicanas. Pensé poner mis cosas encima de ellos, usar lo que de ellos había asimilado como un fondo para poner las cosas que había trabajado antes, con realismo (muy realistas). Así fue como más o menos solucioné ese dilema.

Paisajes de los últimos tiempos

Con la obra de los últimos años regresamos a un encuentro con mi padre. Cuando yo regrese a Colombia en el año 65, 66, mi padre al ver que yo era un pintor digamos profesional, andaba muy preocupado “no has vendido ningún cuadro” me decía. Le pregunté: ¿Qué sugieres que yo haga? y me dijo “Pinta paisajes”. Porque él sabía que aquí en Bogotá lo que se vendían eran paisajes. Los pintores de la Sábana, todas esas cosas. Me dio este consejo muy paternal que tuve pendiente desde el momento que me lo dijo y hoy en día se lo agradezco muchísimo. En ese momento me dije: “Cuando yo esté viejo pintaré paisajes, ahora qué me voy a ir yo con un caballete a ponerme enfrente de una vaca en la sabana, a hacer un paisaje”. Esa era la visión que yo tenía de lo que mi papá me dijo. Pero me quedé con esa idea pues ahora la manera como se me ocurrió pintar el paisaje fue ésta, porque el paisaje te viene a ti. Es decir yo no soy un campesino, yo no soy una persona del campo tristemente; soy un tipo que vive entre cuatro paredes y todo transcurre a través de mi ventana. Esas sombras que pasan por la ventana de mi taller a veces me traen estas imágenes y ahí está el paisaje. Entonces como ya estoy viejo pinto paisajes.

Un reto técnico: manejar la pintura, el color…

Lisiantos y bromelias, 1992..jpg
Lisiantos y bromelias, 1992. 
Acrílico y óleo sobre tela. 0.70cms x 100 cms.

Lo que más brega me ha dado, realmente desde el punto de vista técnico es manejar la pintura, el color. Aunque no parezca, eso sigue siendo una complicación. Manejar el óleo es fácil, porque el óleo tiene unas características técnicas muy especiales. Por un lado Ustedes los que lo han utilizado saben que se demora mucho tiempo en secar. Mucha gente prefiere el acrílico, yo detesto el acrílico porque se seca ahí mismo. Hay cosas que uno no puede hacer con acrílico. Por ejemplo, estos cuadros son imposibles de hacer con acrílico porque Uno tiene que tener la pintura mojada durante muchas horas, si no, no se puede mezclar un tono con el otro para que queden exhumados. En el acrílico eso es dificilísimo. Además el acrílico es una pintura que se seca de un color diferente al que uno lo pinta. El óleo no, una vez que uno aprende a manejarlo, lo que uno puso así queda. El color es así, el brillo es así. Uno sabe exactamente que pasó.

Pero estos cuadros muy grandes siguen teniendo problemas técnicos, aquí en el Museo no se ven muy grandes, en mi taller sí. Son grandes. En algunos momentos hay que pintar ciertas áreas muy rápidamente. En estos cuadros que se llama Falenopias el problema técnico que tienen es cómo pintar el blanco, usando blanco. Hay aquí un problema técnico y de coloro difícil de resolver; cómo convence uno a la persona de que ese cuadro es blanco cuando en verdad no es blanco. El único blanco que hay ahí es en algunas partes de las flores, algunos brillos, el resto del cuadro tiene toda clase de mezcla de colores, para poder realizar todos los distintos efectos de volumen y espacio que tiene. Cada cuadro trae su reto.

Me gustaría pintar el equivalente a lo que hicieron Mozart o Bach. Me gustaría poder llegar a eso con la pintura. Me han conmovido muchos artistas, pero quizás los que más me conmueven a mí son los músicos. Me conmueven más los músicos, porque los envidio.

Proyección cultural del trabajo

Entrar en juego con el medio artístico

Serie sombras, 2005..jpg
Serie sombras, 2005.
Óleo sobre lienzo. 
2,00 x 1,68 cms.

Cuando llegué a Colombia, por intermedio de un tío político mío conocí al maestro Negret en su taller en Manhattan. Fuimos a verlo un par de veces y nos volvimos sus grandes admiradores. Cuando yo llegué a Colombia él ya había llegado a Bogotá, se había instalado en la calle 19 al pie de la Universidad de los Andes, fue a la primera persona que visité. Negret me dijo que era muy importante que Marta Traba conociera mi obra. Hizo de intermediario para que Elisa Burstin, que era muy amiga de Marta, la llevara a mi casa a ver el trabajo que yo había traído de Estados Unidos. (Hay solamente un cuadro de esa época que aunque había comenzado a hacerlo en Estados Unidos, lo transformé cuando llegué a Bogotá, es El Supermercado de la séptima, inspirado en el supermercado de Carulla que queda ahora en la 64 con 7ª). Marta Traba llega a mi casa, ve los cuadros y me dice: “Yo quiero que tu hagas una exposición en el Museo de Arte Moderno”. Pues yo me quedé aterrado porque yo estaba recién salido de la universidad, no había hecho prácticamente casi nada. Efectivamente, en el año 66 se hizo mi exposición, hace 40 años.

Un poco después Álvaro Barrios, que era el artista de vanguardia de ese momento, se le ocurrió decirle a Marta Traba que hiciéramos una exposición en el MAM, que se llamara “Espacios Ambientales”, e hizo esta exposición con Elisa Burstin, Álvaro Barrios, Ana Mercedes Hoyos, Bernardo Salcedo y algún otro artista que no recuerdo. Había un primitivo que no sé que le pasó, muy interesante, y yo pinté las paredes del Museo haciendo como un ambiente.

Cuando Gloria Zea me invitó ahora, en el 2006, a esta exposición retrospectiva en el MamBo, quise evocar ese momento de hace 38 años con “El Espacio Vacío”, que son las pinturas sobre paneles que están en el segundo piso.

Convertirse en docente de artes

En 1967 Marta Traba me dijo que tal vez yo podía ser profesor de pintura de un curso que necesitaban para ese semestre en Artes, en la Universidad de Los Andes, y que si podía ir al día siguiente donde el Director de Artes, el maestro Roda. Me entrevisté con él, y después de unos 10 o 15 minutos de charla me llevó a un salón grandísimo donde había una cantidad de niñas tocando guitarra. Me dijo: “Esta es tu clase”, y yo aterradísimo. Resulta que un profesor había renunciado intempestivamente y se necesitaba profesor….. Acepté, y cada vez que llegaba a clase veía a mis alumnas tocando guitarra y cantando, me daba una vuelta y me iba a la cafetería, hasta que dejarán de tocar guitarra. Así comenzamos y luego se acabaron las fiestas… Después lo lamenté, era mucho más divertido esto que enseñar arte que es dificilísimo…que no se puede. Esa fue mi introducción a la docencia.

Creo que a los niños hay que dejarlos que usen su imaginación y esa es la mejor guía.

El supermercado de la 7ª, 1966..jpg
El supermercado de la 7ª, 1966.
Óleo sobre tela.

Es tan difícil ser profesor de algo y quizás más difícil ser profesor de arte de niños. Yo tengo dos hijos que son artistas. Los dos estudiaron en casi todos los colegios de Bogotá, porque en todos los echaron. Pero en uno de los colegios una profesora me llamó y me dijo: “Mire las notas de su hijo Guillermo, rajado en casi todo”. ¡Y en artes tenía cero!. Pensé: ¿Pero como va a tener cero en artes si lo único que hace es estar todo el tiempo dibujando, eso es lo que más le gusta?. Fui a ver a la profesora y me mandó a donde la psicóloga. El se la pasaba allá, yo le preguntaba y tú que hiciste hoy en el colegio y me decía “no, estaba donde la pepsicóloga”. Entonces fui donde la pepsicóloga, y me mostró una cantidad de dibujitos pequeñitos, unos enredos que él hacía. Yo creí que la pepsicóloga tenía razón, que mi hijo debía estar enloqueciéndose. Y cuando llegué del colegio le dije: “Guillermo, explícame por favor ¿Qué son esos dibujos, qué estás haciendo?” Me dice: “Ah no, es que eso no se puede ver así. Entonces sacó una lupa que yo le había regalado, de esa que usan los editores para ver los textos, y entonces mire por la lupa y me dijo: “Es que eso es un estrellón de un bus con un taxi, y fíjate que ahí está el freno, ahí está el chofer, está aplastado”. Estaba absolutamente todo dibujado. Ahí fue cuando yo pensé que los profesores no entienden a los niños. Porqué no le preguntó como le pregunté yo “¿eso qué es?”. No, ella asumió que el niño estaba loco. Los profesores deben escuchar a los niños. (Guillermo se graduó, salio del colegio finalmente y actualmente está haciendo un doctorado en Bellas Artes).

A mi mucha gente me dice: ‘Yo tengo un niño que es muy talentoso. ¿Cómo hago para meterlo en clases de dibujo? Yo estoy seguro, me dice la mamá o el papá, que va a ser un gran artista’. Entonces yo les digo que no lo metan en clase de dibujo, que lo dejen jugar, que pinte, que no le hagan ningún esfuerzo especial. A esa edad tan tierna, en cuestión de arte yo creo que no es tan bueno orientar tanto a los niños. Hay que darles las facilidades, sí, para que hagan las cosas si las quieren hacer. Denles pinturas y es muy bueno que vayan a algún curso de grupos, donde simplemente se entretienen trabajando.

Bibliografía

Santiago Cárdenas. Pinturas y Dibujos. 1989. Seguros Bolívar

ARDILA, Jaime, LLERAS, Camilo Ed, 1984. Verdades sobre arte. Mentiras sobre papel. Publicación de Ardila y Lleras. Edición numerada. 

 

*Edición de entrevista realizada al maestro Cárdenas por María Elena Ronderos en el Museo de Arte Moderno de Bogotá. Exposición retrospectiva. Febrero de 2006.
Apoyo técnico: Paula Bohórquez